Una de las escenas más famosas de la película es el monólogo final, en el que Chaplin, en su papel de Hynkel, se dirige a la multitud en un discurso inflamado. Sin embargo, a medida que habla, su retórica se vuelve cada vez más absurda y vacía, revelando la hipocresía y la vacuidad de sus palabras. "El Gran Dictador" es una sátira mordaz que critica la hipocresía y la estupidez de la política y la guerra. Chaplin se burla de la megalomanía de los líderes autoritarios y de la estupidez de la gente que los sigue. La película también denuncia la persecución de minorías y la intolerancia. Mientras tanto, un refugiado judío llamado Hans Landa (también interpretado por Chaplin) se esconde en Tomania, donde se enamora de una bailarina llamada Hannah. A medida que la trama se desarrolla, Hynkel y sus secuaces lanzan una campaña de odio y violencia contra los judíos y otros grupos minoritarios.
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