"Vamos a tener que insistir", dijo.
"Somos los hombres del duque de Olivares", respondió uno de ellos, un hombre grande y fuerte. "Y vosotros sois los que han estado causando tantos problemas en la región".
Pero entonces, El Zorro recordó una técnica que había aprendido en sus tiempos de soldado. Con un movimiento rápido, desmontó a uno de sus atacantes y se apoderó de su espada.
El Zorro y Elena se miraron, exhaustos pero triunfantes.